
Lo que ninguna IA genérica te dice sobre su traducción al inglés.
Tenés un contrato en español. Necesitás la versión en inglés. ChatGPT lo hace en diez segundos. DeepL también. Google Translate, ni hablar.
Entonces, ¿para qué pagarle a un traductor profesional?
Es una pregunta legítima. Y la respuesta no es “la IA es mala”, porque no lo es.
La respuesta es que la IA genérica no fue diseñada para lo que vos necesitás.
Lo que la IA genérica traduce bien, y lo que no
Seamos honestos: DeepL, ChatGPT y Google Translate tradujeron el mundo. Para correos electrónicos, textos informativos, contenido de sitios web o comunicaciones internas informales, estas herramientas son rápidas, gratuitas y suficientemente buenas.
El problema no es la tecnología. El problema es el contexto.
La IA genérica traduce palabras. No traduce consecuencias.
Un contrato no es un texto informativo. Es un documento con efectos legales reales, en dos jurisdicciones, en dos idiomas, con dos sistemas jurídicos que no funcionan de la misma manera.
Cuando algo sale mal en una traducción contractual, no hay corrección posible después de la firma.
El problema real: el inglés que “suena” correcto pero no lo es
Acá está la trampa que más daño hace.
DeepL produce inglés que parece profesional. Gramaticalmente correcto, fluido, sin los errores grotescos del Google Translate de hace diez años. Un cliente que no tiene inglés nativo lo lee y piensa: esto está bien.
Pero “gramaticalmente correcto” y “contractualmente preciso” no son la misma cosa.
El inglés legal tiene su propia lógica. Términos que en español tienen un significado claro producen traducciones en inglés que son ambiguas, incorrectas para la jurisdicción o que directamente cambian lo que el documento dice.
Esa diferencia solo la detecta alguien con dominio nativo del inglés y experiencia en documentación legal y corporativa. No es una herramienta que optimiza para fluidez general.
Errores concretos que cambian el sentido legal de un contrato
Estos no son ejemplos hipotéticos. Son patrones que aparecen con regularidad en traducciones automáticas de documentos contractuales.
Terminología contractual: lo que se pierde entre español e inglés
El ingles legal norteamericano es exacto. Cuando se traduce para el sistema legal estadounidense, se requiere precisión para preservar la integridad de la intención original.
Por ejemplo, traducir erróneamente “residente” como “ciudadano” puede dar lugar a deportaciones injustas o a la pérdida de protecciones legales.
Dado que la legislación estadounidense se basa en definiciones específicas, los traductores deben utilizar glosarios certificados para garantizar que el término de destino tenga exactamente el mismo valor legal que el de origen.
En ausencia de un organismo regulador gubernamental, la Asociación Americana de Traductores (ATA) ofrece una certificación reconocida que muchas agencias utilizan como referencia de calidad.
Al igual que en el inglés americano, la precisión en el inglés jurídico británico es fundamental para evitar ambigüedades, aunque a menudo conserva términos más tradicionales y distinciones sutiles que varían significativamente de la práctica en E.U.A.
“Rescisión” no es siempre “rescission”. En derecho anglosajón, rescission implica anulación retroactiva del contrato — como si nunca hubiera existido. En muchos casos, lo que el texto en español describe es termination o cancellation, que son extinciones hacia adelante sin efecto retroactivo. La diferencia determina qué obligaciones quedan en pie y cuáles se eliminan.
“Indemnización” no es siempre “indemnification”. Dependiendo del contexto, puede ser compensation, damages, remedy o indemnification, y cada término activa un régimen legal distinto en contratos regidos por derecho anglosajón.
“Parte contratante” traducida literalmente como “contracting party“ funciona en algunos contextos, pero en contratos comerciales de Estados Unidos el término estándar es simplemente “Party“, definido al inicio del documento. Una traducción que no sigue esa convención parece amateur ante cualquier abogado anglosajón.
“Plazo” puede ser term, deadline, period o notice period, según qué tipo de obligación describe. La IA genérica elige una y sigue adelante. Un traductor con experiencia contractual elige la que corresponde.
El tono en inglés de negocios: no alcanza con ser correcto
El inglés corporativo anglosajón, especialmente el norteamericano, tiene convenciones de estilo que la IA genérica no respeta consistentemente.
Las oraciones son más cortas. Los párrafos definen términos antes de usarlos. Las cláusulas de condición usan estructuras específicas (“in the event that“, “provided that“, “notwithstanding“) que tienen peso legal preciso y no son intercambiables.
Un contrato traducido con IA genérica puede ser comprensible. No siempre suena como un documento redactado por – o para – profesionales anglosajones. Esa diferencia importa cuando el documento llega a la mesa de un abogado o ejecutivo en Estados Unidos, Reino Unido o Canadá.
¿Cuándo podés usar IA en traducción?
No toda traducción requiere el mismo nivel de precisión. Hay casos donde la IA genérica es una herramienta razonable:
Comunicaciones internas informales: un email entre colegas, una nota de reunión, una consulta rápida. El riesgo es bajo y la velocidad vale más que la precisión perfecta.
Borradores preliminares: si necesitás entender el contenido general de un documento antes de decidir si vale la pena traducirlo formalmente, la IA te da esa primera lectura.
Contenido informativo de bajo riesgo: artículos, descripciones de productos no regulados, contenido de redes sociales donde un error no tiene consecuencias legales ni contractuales.
La clave es la pregunta: ¿qué pasa si esta traducción tiene un error? Si la respuesta es “nada grave”, la IA genérica puede funcionar. Si la respuesta implica contratos, responsabilidades legales o presentaciones ante terceros, el nivel de riesgo cambió.
Cuándo necesitás IA especializada con revisión humana — no IA genérica
La diferencia entre una herramienta de IA genérica y una plataforma de traducción especializada no es solo de calidad de output. Es de diseño.
La IA genérica fue entrenada para producir lenguaje fluido en contextos generales. No tiene memoria terminológica de tu empresa, no conoce las convenciones de tu industria, y no fue diseñada para mantener consistencia entre cláusulas de un mismo contrato.
Una plataforma especializada como Mercurio™ funciona de manera distinta. Fue desarrollada específicamente para flujos de trabajo de traducción profesional — con extracción terminológica, memorias de traducción que aprenden de cada proyecto, y un proceso donde la IA prepara y el traductor con inglés nativo revisa, ajusta y valida.
El resultado no es solo más preciso. Es consistente — el mismo término jurídico se traduce de la misma manera en todas las cláusulas del contrato, en todos los documentos del mismo cliente, en todos los proyectos a lo largo del tiempo.
Esa consistencia es lo que necesita un abogado, un gerente de compras, o un equipo legal cuando maneja documentación en inglés a gran escala.

Lo que significa tener un revisor con inglés nativo
Hay algo que ninguna herramienta de IA, especializada o no, reemplaza completamente: el juicio de alguien que creció hablando inglés en un entorno profesional anglosajón.
No es una cuestión de gramática. Es una cuestión de registro.
¿Esta cláusula suena como la escribió un angloparlante nativo o suena como una traducción? ¿Este término es el que usa un abogado de Texas en un contrato comercial o es el que arrojó un motor de traducción? ¿Esta estructura de oración funciona en inglés o es sintaxis española trasplantada?
Con 31 años de vida profesional en Estados Unidos y trabajo directo con empresas como IBM, Cisco, FedEx y Dow Chemical, ese juicio es exactamente lo que este servicio aporta — tanto en traducción directa como en revisión de trabajos producidos por otros traductores.
Si tu equipo o tus traductores producen documentos en inglés, una segunda lectura con ojo nativo puede ser la diferencia entre un documento que funciona y uno que genera preguntas.

